martes, 7 de enero de 2020

Cómo pase de tener una relación abierta a conformar una relación de tres (Trieja)


Cómo pase de tener una relación abierta a conformar una relación de tres (Trieja).

Hace unos años decidí escribir el por qué había optado por tener una relación abierta con mi pareja de aquel entonces (2012 – 2015), retraté un poco el cómo lo viví y qué me motivó para hacerlo, este texto aunque lo subí aquí y estuvo un buen tiempo disponible en la red, por error se eliminó, esto cuando hacía unos reajustes estéticos al blog; desde esa época hasta ahora no volví a describir ninguna de mis experiencias de vida, ya que no estoy tan acostumbrado a escribir desde el relato personal; no había subido algo que contara sobre mis relaciones – reflexiones de tipo sentimental o sexual y ahora que ha pasado ya bastante tiempo creo que podré continuar la narración de lo que ocurrió desde entonces; aunque para ello debo retomar un poco el pasado y contextualizar cómo fue mi experiencia al conformar una relación amorosa de tres (trieja).
Las primeras parejas que tuve fueron lo que usualmente otros denominan “normales”, aunque fueron experiencias de algunos meses, a largo plazo, no fueron nada significativas, de hecho eran decepcionantes; amores de adolescente que pretendí guiarlos desde la manera en la que las aprendí, estas estaban basadas en el juego del romance y la relación idealizada, las visitas a la familia, las flores, los chocolates y las salidas a lugares públicos tomados de la mano, a pesar que esto en varias oportunidades implicaba más un riesgo para la seguridad de nosotros, era poder vivir y hacer visible ese amor frente a la sociedad, tal y como lo hacen las parejas heterosexuales, quizás creyendo que era la forma acertada de hacer incidencia, aquello era al mejor estilo de las campañas publicitarias que salen en los medios por el mes de Junio, impulsado por empresas que pretenden generar la percepción de ser gayfiendly e inclusivos.
Tras esos fracasos, tuve varias ideas, inicialmente siendo muy conservador, creí que era culpa de las personas que no podían mantener un cierto tipo de fidelidad, ya que estaba muy arraigado en mí la forma de amor/deseo – exclusivo, entonces digamos que empecé a compartir las tesis de una corriente que rechazaba a los mismos grupos LGBT por no ser más parecidos a los hetero, ese “por eso es que nos discriminan” era el refrán favorito de esa endo-discriminación; sin embargo tras estudiar y vivir más estas realidades entendí que el problema no eran las personas, el problema estaba era en mi cabeza, en querer algo que no ha existido en la historia, o bueno, no como se pretende mostrar, solamente se ha querido hacer creer que esa monogamia es natural, aunque algunos postestructuralistas dirían que está – monogamia - es cultural y al ser cultural no existiría forma en que no fuera natural, ya que toda producción cultural proviene de la naturaleza humana, entonces mejor decir que está se ha naturalizado como la única forma de vivir una relación de pareja.
Es por ello que por un tiempo preferí no estar con nadie, ya que ni yo mismo sabía qué y cómo era lo que pretendía construir con alguien más, eso fue así por un par de años hasta que volvió a mi vida un chico al cual distinguía desde hace muchos años, este desapareció un tiempo prestando servicio militar y un día nos cruzamos por coincidencia en los pasillos de la universidad, luego de varias charlas donde actualizamos agenda quisimos intentar llevar algo juntos, de por sí el gusto existía desde el pasado y así se dio, iniciamos una relación convencional en donde - como raro - no se discuten parámetros para la misma, se toma por sentado que las cosas deben darse de esa manera, igualmente empezamos a vernos una o dos veces por semana cerca de la facultad, en el momento nuestro cruce de horarios hacia que estos no fueran muy extensos, entonces el encuentro era una compañía para el almuerzo y una charla corta.
A pesar que nos veíamos por poco tiempo, considero que fue tiempo de calidad, lo que me hizo pensar que por nuestras mismas dinámicas ese tipo de relación tampoco funcionaría, ya que siempre que hay mucha distancia y una no tan continua comunicación las cosas se van desgastando prontamente.
Para no alargar esta narrativa a continuación re-escribiré un poco de lo que fue el texto que se perdió en esa oportunidad y qué mostraba cómo cambiamos nuestra forma de relación tradicional y empezamos a llevar a cabo una relación abierta.
En aquel texto había expuesto que, una parte de los motivos que me impulsaron a dejar de mantener una relación gay clásica fue el poder aceptar y comentarle a mi pareja el fuerte deseo que siempre sentí y que reprimía del poder verlo estando en la cama con alguien más, generalmente las personas tratan de negar la posibilidad de pensarse a su pareja teniendo un orgasmo con alguien distinto a ellos, eso es una lucha contra el propio ego, ya que se espera que esa persona no piense – desee estar con alguien fuera de la relación o que si lo hace este influenciada por algo (alcohol – drogas) para que pueda ser excusable y así poder aceptar que haya un cierto tipo de arrepentimiento y perdón posterior a ello.
Pero en este caso yo no quería perderme de esos placeres, ya en el pasado había terminado relaciones con personas que para mí eran muy especiales, pero que “cometían errores”, creo que tenía muy interiorizado una forma de amor más comercial, el cual no permitía desilusiones ni fracasos, una monogamia profunda, ya que esperaba evitar cualquier forma de “engaño”. En esta ocasión quería evitarme todo ese drama y aceptar que, aunque haya amor - así sea del más sincero - yo no podía esperar ser la única persona que generara un mal pensamiento en mi pareja, eso no abría el camino al poliamor o algo por el estilo, simplemente era tener claro que la tal llamada traición, no iba a entenderse como exclusividad – al menos en lo sexual -, lo que sí se reservaría para nosotros sería el manejo sentimental y el apoyo, ya que una follada se puede tener con cualquiera, quien sinceramente esté pendiente por el bienestar del otro no se consigue fácilmente, eso implicaba entender el amor de otra forma.
Quien propuso este tipo de acuerdo fui yo, lo hice tras un par de meses de relación un día que fue a recogerme al salir del trabajo, recuerdo que esta discusión fue en un parque cerca a unicentro, la idea no le gustó mucho, aunque quiso hacerse el relajado su rostro mostraba lo contrario, no supe por qué al final no dijo que no, que no estaba preparado o que simplemente no le gustaba la idea, pero después de pensarlo un rato mientras fumaba un cigarrillo aceptó llevarlo a cabo, quizás pensaría que no duraríamos mucho, igual en aquel entonces poco nos veíamos, así que el pronto fracaso era muy probable.
Explicar qué tenía yo en la cabeza era difícil, ya antes había leído sobre el tema en la universidad, esos escritos frente a una sexualidad más abierta, el cuestionarse el manejo que sobre el otro se tiene como una forma de propiedad me hicieron reflexionar si lo que quería realmente era una relación que en su manejo pudiera ser aceptable y presentable para la sociedad, ya que de por sí ser marica no era bien visto, jugar al romance hetero y al ser la pareja envidiable dejaba de ser una preocupación, esto es culpa de esas feministas que me enseñaron a dejar de pensar sobre qué es lo que quiere el mundo de mí y empezar a buscar lo que yo quería hacer del mundo.
En los meses posteriores a la charla no ocurrió mayor cosa, cuando tenía encuentros fuera de la relación en cierta medida sentía algo de culpa, porque parecía que fuera un permiso que se me había concedido pero del que él todavía no hacía uso; esto fue así por un tiempo hasta que en una ocasión surgió la posibilidad de hacer un trio – cosa que habíamos discutido en varias oportunidades -, esto se dio con un oso (bear) que nos parecía muy sexy y el cual a veces nos escribía a los dos, este chico no nos era para nada indiferente, él llegó al apartamento en donde estábamos y allí fue donde descubrí que realmente me excitaba verlo con alguien más, ya que desde el momento en que estos se besaron me generó un morbo que antes no había sentido, pero esto no se producía por un simple voyerismo de ver a alguien coger, esto ya lo había presenciado antes, era un placer que se generaba al poder escuchar a esa persona que tanto amaba gemir mientras otro se lo follaba y luego yo participar en ello y estar con ambos, generalmente se dice que en un trio siempre alguien sobra, pero aquí ninguno sobraba era por el contrario un complemento.
Este hecho permitió que él se relajara más con el asunto, al pasar el tiempo esto se volvió a repetir, tanto con el mismo chico como con otros que nos parecían interesantes y la sensación de placer no cambiaba; asumimos una forma de relación sentimental cerrada con una sexualidad abierta, no solamente para ser partícipes con alguien que entrara en la relación sino cada uno por su cuenta - si esto se presentaba -, claro que existían unas reglas planteadas, pero nada extraño, por un tiempo nos contábamos con quien estuvimos, luego ya no lo hicimos más porque parecía una confesión del qué hago en mis tiempos libres, así que dejamos en libertad el tema, pero de igual manera yo ojeaba de vez en cuando su celular porque me conocía su pin y leer esos chats que tenía con otros me la ponía dura, entonces aprovechaba mientras dormía para hacerlo; aunque creo que en el fondo era consciente de que yo lo hacía y no le importaba.
Todo esto marchó bien por un buen tiempo, nunca hubo un problema de celos, tampoco faltaba el idiota que cuestionara si era una relación legítima o no, aunque después lo veíamos por ahí buscando sexo con otros fuera de su vínculo monógamo que tanto presumía, entonces aquello no era cosa de legitimidad, era cuestión de hipocresía, mucha gente especulaba sobre nosotros, asumían que la vida sexual andaba mal y que por ello existían esos tipos de concesiones, pero no, la vida sexual era maravillosa, había plenitud y un fuerte acompañamiento, ya que siempre estábamos pendientes del otro, era fundamental el bienestar en todos los aspectos de nuestra vida.
Aquello no era como lo que el sociólogo polaco Zigmunt Bauman se refiere a la perdida de los vínculos emocionales reflejo de la modernidad liquida, la búsqueda del mismo no era perder ni fracturar ningún tipo de unión entre nosotros, quizás atrapar a otros para nuestro gusto y luego ser desechados si se asemeje un poco más a esta tesis, a pesar que un proyecto en común sí existía, al menos uno ideado por dos jóvenes entre los 20 y 25, quienes sacaban con apoyo mutuo una carrera juntos y otros elementos básicos de necesidades que para nosotros eran prioritarias.
Los problemas surgieron mucho tiempo después, hubo carencias en la comunicación, sin quererlo se dieron formas de competencia poco sanas y me atrevo a decir – aunque sé que la otra parte no estará de acuerdo con ello -, se transformó el gusto de antes y ahora había una mayor búsqueda por poseer unos cuerpos un poco más normados que el mío – así lo siento yo -, que hicieron que el diálogo y la relación cambiaran.
Ocurrió algo – lo cual no mencionaré aquí, ya que el papel de víctima tampoco me interesa -, que hizo que nos alejáramos unas semanas, ese famoso “darse un tiempo” fue nuestra idea, al menos esto serviría para poder pensarse mejor las cosas y no tener la presión de la otra parte encima o también podría ser una excusa para no terminar algo que quizás ya no tenía futuro, pero que nos negamos que pasara; por ese mismo tiempo dentro de las múltiples aventuras que tenía conocí a otra persona, al principio no pensé que pasará de ser un polvo más, iría follaba en su casa y me iba para la mía, esa era la intensión ya que algo que sí es evidente es que ese tipo de libertad generó un consumo despreocupado de otros cuerpos, pero esta vez se dio una química diferente que hizo que nos siguiéramos viendo, no solamente en el plan de cama, empezamos a salir con otros intereses, cosa que nunca hice con nadie durante esos 3 años.
  En ese momento tenía una disyuntiva, ya que por un lado estaba la persona que tanto quería, pero en la que no confiaba como antes, mi intención no era perderla, aunque sabía que si continuábamos muchas cosas tendrían que cambiar, sin embargo, había llegado otra persona a mi vida, con la cual me sentía muy a gusto compartiendo cosas que no solamente se redujeran al sexo, era alguien interesante, tenía otra visión de mundo y por supuesto, cerebro! cosa que en estos días poco y nada se encuentra.
Cuando se agotó ese “darnos un tiempo” nos encontramos, eso prometía ser la típica reconciliación en que se daría la charla, habrían acuerdos, llanto y culeo; después de que todo esto se diera no podía dejar de pensar en el otro sujeto, porque aunque estaba feliz sentía que algo no estaba completo, porque podía tomar el lado fácil y decirle hasta luego, igual esta persona sabía que yo estaba comprometido con otra, podía pasar página y hacer como si hubiera sido algo del momento al cual echarle tierra, pero tomé la decisión más compleja y le comenté – después de la reconciliación – lo que pasó con esa persona, lo que me hacía sentir y manifesté que tampoco quería dejar de hacerlo - verlo; lo curioso es que la respuesta fue que no lo dejara y que más bien los presentara.
Hubo algunas complicaciones antes de que eso ocurriera, hasta que llegó el día de que se conocerían, extrañamente se agradaron y hablaban como si fueran amigos, de hecho tenían más para charlar entre ellos que conmigo, así que no fue tan incómodo como llegué a creer que sería, al menos el primer día fue sin problemas, ya cuando me encontré por separado con ellos, me dijeron que habían gustado del otro, así que no estuvo mal la idea de plantear una relación en donde pudiéramos estar los tres, aunque eso de las triejas sonaba complicado se haría el intento de llevar en marcha una.
            Tras varias dificultades en los cruces de horarios y labores nos seguimos viendo los tres, teníamos distintos planes para cada ocasión, hasta que empezamos a vivir en un mismo apartamento, aunque nunca tuvimos en cuenta los temas logísticos, no era algo que uno generalmente se piense, pero al fin y al cabo el mundo está construido para las relaciones de pareja, no para círculos más amplios, esto provocó que la situación en varias oportunidades fuera mucho más compleja e incómoda de llevar, ya que inclusive una cama doble se hacía pequeña para tres hombres adultos, participar en una atracción mecánica siempre excluiría a alguien, ya que los asientos son para dos, todo lo divertido estaba pensado para ese tipo de uniones y elegir a alguien no era opción, ¡por qué tocaba estar eligiendo!.
            Sin duda ponerse de acuerdo con alguien para realizar algún tipo de actividad es complicado, ponerse de acuerdo con dos personas con gustos totalmente distintos era un karma, a pesar de todo siempre alguien cedía y tratábamos de variar y poder complacernos todos en lo que nos gustara; uno de los temas más complejos que recuerdo que se empezaron a negociar fue el del sexo, a diferencia de relaciones poliamorosas donde generalmente todas las personas involucradas no comparten un espacio físico en común, nosotros siempre tendríamos presente esos episodios, sin embargo materializarlos no fue tan agradable, ya que entraba en discusión cosas como: si cada vez que fuéramos a tener relaciones deberíamos participar los tres, cómo actuar cuando en ese día alguno quería estar con otro sin vincular al tercero, qué rol (top – bottom) se manejaba más con quién y por qué este era más reiterativo con uno que con otro, etc.
            Esto generó mayores pleitos, ya que aunque el sexo era muy enriquecedor, surgieron cosas que herían de vez en cuando, no obstante aquello no fue lo que nos distanció, entramos en momentos muy diferentes de nuestras vidas que hicieron que cada uno se centrara más en sí mismo, yo estaba por el 9 semestre de la universidad, finalizaba materias, estaba en prácticas y trabajaba en mi proyecto de grado, simplemente esperaba poder terminar pronto la carrera, además del estrés del mundo laboral que tan violento con los jóvenes a los que les niegan su primera oportunidad estaba presente, uno de ellos - un poco más estable -, estaba en función de su trabajo, tenía un manejo de tiempo mucho más laxo y hay que reconocerlo tenía la carga económica principal, siempre trató de variar las diversas acciones con los otros dos, el tercero siguió cambiando y cada vez lo desconocía más, lo laboral lo llevó a hacer parte del mundo del consumo gay, quizás el no haber participado tanto en ese contexto de rumba hizo que se absorbiera rápidamente.
            No soy muy presto a los bares, no sé bailar y soy amargado cuando estoy en uno, por eso no entendí enseguida que se perdió una de esas personas en algo que para mí era de poco sentido, efímero, poco realista y vacío, “competir” - en su defecto - con multitud de personas que entran y salen de esos espacios esperando ser admirados no era algo que me representaba y buscar corporalidades tan particulares tampoco era  mi objetivo, eso a largo plazo empezó a ser un punto de comparación violento contra nosotros mismos y con quienes nos rodean, ya que encajar en el ideal de belleza no es para todo el mundo, por algo es que viven tan llenos esos espacios que transforman estéticamente a las personas.
            Con esto surgieron muchos problemas, ya que se empezaron a dar manifestaciones en las que alguno pretendía cambiar al otro, donde surgían comentarios que trataban de jerarquizar el valor que se pudiera tener en comparación con otros, se perdió esa forma de complicidad que permitía que cuerpos ajenos se integrarán a nuestras relaciones eróticas y que esto fuera algo estimulante para todos. Una relación - desde mi postura en este momento - debe mantener un equilibrio entre deseo/amor y las bases de ese placer deben ser recíprocas, esto al perderse hace que mantener cualquier tipo de unión carezca de sentido y se convierta es en una especie de normalizar el estar juntos, ya cuando esto no represente las cosas positivas que originalmente existieron.
            Es así como tras varias charlas fallidas, peleas y demás esta forma de relacionarme terminó, siendo de grandes aprendizajes y teniendo claridad que si esto se materializa hay que tener una suficiente madurez para ampliar no solamente lo sexual, sino lo afectivo con otras personas; aun cuando esto fue muy emocionante en su momento, creo que no sería una experiencia que quisiera volver a repetir, aunque en el constante devenir uno nunca sabe qué me encontraré en un futuro: esta experiencia no fue tan terrible como muchas personas pueden llegar a pensar, pero sí es desgastante y retomando lo que Bauman decía, las relaciones también son formas de consumo e inversión y en nuestro actual mundo moderno el riesgo ya es muy amplio, riesgo que puede que no esté dispuesto a correr.
            Finalmente, por eso prefiero hablar desde mi experiencia, es probable que para estás dos personas la misma sea entendida desde una forma completamente distinta, por ello no pretendo hablar por ellos, igual los dos me hicieron sentir el amor de maneras distintas y eso es algo que siempre tendré para agradecerles, esto a pesar que las cosas al final no se dieron como se planearon.


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